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Educar en lo cotidiano: una experiencia de formación parental
di Alessandra Altamura, Susana Torío López*   


Las grandes y numerosas transformaciones actuales – políticas, sociales, económicas, culturales – han producido cambios importantes en la conceptualización, las funciones y la estructura de la institución familiar.

Tanto es así que, hoy en día, hablamos de nuevas formas de ser y hacer familia. En los últimos años, en España, han nacido diversos programas educativos implementados en contextos escolares y sociales para satisfacer las diferentes necesidades de las familias. En particular, “Construir lo cotidiano”: un programa de educación parental, desarrollado y puesto en marcha por el grupo de investigación A.S.O.C.E.D. de la Universidad de Oviedo, presenta un programa práctico y participativo, dirigido a familias de niños y niñas de Educación Infantil y Primaria con el objetivo de proporcionar la oportunidad de favorecer unas relaciones más igualitarias y ofreciendo nuevos modelos de socialización en la crianza y educación de los hijos e hijas, evitando estereotipos de género. En el artículo se procederá a describir el programa educativo de fomación de padres y madres en sus diversos aspectos (objetivos, estructura, metodología, temporalización, evaluación, entre otros), así como algunos de sus resultados más destacados. Podemos afirmar que se enmarca dentro de los programas de “parentalidad positiva”.


The great and numerous current transformations – political, social, economic and cultural – have produced important changes in the conceptualization, functions and structure of the family institution. So much so that, today, we talk about new ways of being and making family. In recent years, in Spain, various educational programs have been implemented in school and social contexts to meet the different needs of families. In particular, “Construir lo cotidiano”: un programa de educación parental, developed and launched by the research group A.S.O.C.E.D. of the University of Oviedo, presents a practical and participatory program, aimed at families of children in Primary and Secondary Education with the objective of providing the opportunity to favor more egalitarian relations and offering new models of socialization in the upbringing and education of Sons and daughters, avoiding gender stereotypes. The article will describe the educational program for the promotion of parents in their various aspects (objectives, structure, methodology, timing, evaluation, among others), as well as some of their most outstanding results. We can say that it is part of the “positive parenting” programs.


Le grandi e numerose trasformazioni attuali – politiche, sociali, economiche, culturali – hanno comportato notevoli cambiamenti rispetto alla concettualizzazione, alle funzioni e alla struttura dell’istituto familiare tanto che, al giorno d’oggi, si parla sempre più spesso di nuovi modi di essere e fare famiglia oggi. Negli utlimi anni, in Spagna, sono nati diversi programmi educativi, implementati nei contesti scolari e sociali, per rispondere alle diverse esigenze della famiglia. In particolare, “Construir lo cotidiano”: un programa de educación parental, programma di formazione alla genitorialità, sviluppato e realizzato dal gruppo di ricerca A.S.O.C.E.D. dell’Università di Oviedo, si presenta come programma pratico e partecipativo, rivolto alle famiglie con bambini e bambine frequentanti la Scuola dell’Infanzia e la Scuola Primaria, e si pone l’obiettivo di promuovere relazioni maggiormente equlibrate e di offrire nuovi modelli per lo sviluppo e l’educazione dei figli e delle figlie, evitando gli stereotipi di genere.

Nel contributo si procederà a descrivere il programma di formazione rivolto ai padri e alle madri nei suoi diversi aspetti (obiettivi, struttura, metodologia, durata, valutazione, ecc.), così come alcuni risultati significativi. Il programma si inscrive nei programmi tesi a sviluppare e realizzare una “genitorialità positiva”.


L’educazione dei figli è parte fondamentale della vita nostra.

[…] Cari genitori, voi dovete innanzi tutto ricordare sempre

la grande importanza di quest’opera e la grande responsabilità vostra.

Anton Semenovyč Makarenko, Consigli ai genitori


1. La familia y sus transformaciones


En los últimos años, la familia, primer y privilegiado contexto para la educación de la persona y para la construcción de su identitad, ha sufrido un proceso de “metamorfosis”: las recientes transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales han producido cambios importantes en la conceptualización, las funciones y la estructura de la institución familiar. En concreto, el proceso de nuclearización, la aparición de nuevas formas de hacer y ser “familia hoy” y el surgimiento de preguntas planteadas por las nuevas realidades sociales y culturales constituyen el escenario en el que los progenitores, los padres y las madres de nuestro tiempo, deben replantearse como tal.

La familia ha demostrado una sorprendente capacidad de permanencia a lo largo de épocas y situaciones sociales muy diversas, justamente por su gran flexibilidad y capacidad de adoptar modelos my variados. Entre los principales factores que han guiado el cambio familiar podemos destacar, entre otros, los siguentes: aspectos demográficos como el aumento de la esperanza de vida o la intensa caída de nacimientos, la inestabilidad conyugal, cambios ideológicos y legislativos, la creciente incorporación de la mujer al trabajo, nuevas formas de convivencia, la prolongación del período de estudios, la intensidad de las corrientes migratorias y los cambios en los valores familiares (Alberdi, 2004; Requena, 2009). Todos elllos sugieren que la estrutura familiar ha cambiado mucho en las últimas décadas; sin embargo, los cambios, en cuanto a relaciones y roles en la vida familiar, parecen llevar a resultados más lentos.

La nueva familia, adaptándose a las necesidades del mundo productivo, deja poco espacio a las funciónes educativas de los adultos – de los padres y madres especialmente – y corre el riesgo de faltar a su función fundamental: educar a sus hijos e hijas (Oliver, 2010) que necesitan de adultos que les proporcionen modelos de referencia: afectivos, educativos y relacionales.

Por esa razón, en un momento en lo que todo y todos hablan de la “crisis” de la familia –desde la televisión a la radio, desde el periodista al hombre de Estado y de Iglesia– es necesario pensar en estrategias para promover la educación familiar y, en particular, la formación de padres y madres a partir del propósito que – como escribe Michele Corsi (2016) – “[…] non si nasce genitori […]. Al più lo si è in potenza: predisposti biologicamente a diventarlo” (p. 28).

Para Lamb y Lamb (1978) el término formación de padres y madres indica un intento de acción formal con el objeto de incrementar la conciencia de los padres y la utilización de sus aptitudes y competencias parentales. Desde esta perspectiva, se hace necesario idear, concebir, desarrollar y llevar a cabo acciones para la familia y con la familia, respetando y promoviendo su autonomía, valorizando su potencialidad con la promesa de ponerlas en práctica. Es necesario partir de sus derechos, competencias y recursos, en vez de sus problemas y dificultades. Se trata, precisamente, de fomentar un ejercicio positivo del rol parental o lo que denominaremos una “parentalidad positiva” (Consejo de Europa, 2006; Loizaga, 2011; Sanders, 2008).

En particular, el Consejo de Europa con la Recomendación REC(2006)19, se compromete a reconocer “la importancia de la responsabilidad parental y la necesidad de que los padres tengan suficientes apoyos para cumplir con sus responsabilidades en la educación de sus hijos” (p. 1). La Recomendación pretende que se mejoren la calidad y las condiciones de la parentalidad en las sociedades europeas y se ha convertido en la referencia de prácticamente todas las políticas de parentalidad promovidas en Europa.

Podemos dificir el término como “el conjunto de conductas parentales que procuran el bienestar de los niños y su desarrollo integral desde una perspectiva de cuidado, afecto, protección, enriquecimiento y seguridad personal, de no violencia, que proporciona reconocimiento personal y la orientación necesaria que lleva consigo la fijación de límites a su comportamiento, para posibilitar su pleno desarrollo en el ámbito familiar, académico, con los amigos y en el entorno social y comunitario” (Consejo de Europa, 2006, p. 2).

A la luz de estas consideraciones, se hace evidente que para promover la parentalidad positiva es necesario y urgente reflexionar acerca de la situación actual de la familia y de las exigencias que la sociedad le plantea: revisión y actualización de funciones, redistribución de roles parentales, nuevas formas de socialización familiar, etc. (Torío, 2011) y, en consecuencia, desarrollar e implementar programas de apoyo a la paternidad y a la maternidad desde una perspectiva preventiva.

En los últimos años, en España, se han dado grandes pasos y han nacido diversos programas implementados en los centros eduactivos para satisfacer las diferentes necesidades de las familias (entre otros programas, podemos destacar: Díaz-Sibaja, Comeche & Díaz, 2009; Equipo de Preescolar Na Casa, 1996; García Bacete & Forest, 2006; Maíquez, Rodrigo, Capote & Vermaes, 2000; Torío et al., 2013). Por otro lado, se han desarrollado otro grupo de programas dirigidos a familias en contextos de riesgo psicosocial que asisten a servicios de apoyo a fin de mejorar sus habilidades parentales (Hidalgo, Menéndez, Sánchez, Lorence & Jiménez, 2007; Rodrigo et al., 2008; 2010) o, el caso de programas que son aplicados ambos contextos indistintamente – centros escolares y servicios sociales – (Maganto & Bartau, 2004; Martínez-González, 2009; Oliva, Hidalgo, Martín, Parra, Ríos & Vallejo, 2007). En su mayor parte, todos los programas comparten la iniciativa del Consejo de Europa (2006) sobre parentalidad positiva, están basados en la evidencia, siguen un esquema de colaboración con instituciones nacionales, autonómicas o locales, presentan una implementación en varios lugares y reciben el apoyo de expertos de diversas universidades españolas (Rodrigo, 2016).


2. Ser madre y padre hoy: Construir lo cotidiano


En nuestro tiempo, ser padre y madre es una tarea dificultosa que “se ha ido complicando al mismo ritmo que las sociedades se han ido haciendo más complejas y las demandas interactivas mucho más amplias, abiertas y permeables. Por ello, se ha abierto en la conciencia colectiva la sensación de una necesidad de formación para esta tarea […]. Hoy ser padre y madre entraña exigencias nuevas en un contexto lleno de fuentes de información y de mensajes que hacen más necesaria que nunca una sólida formación de la personalidad dentro del núcleo familiar” (Torío et al., 2013, p. 7).

En este sentido, el Grupo de Investigación A.S.O.C.E.D.[1], ha desarrollado y puesto en marcha el programa de educación grupal “Construir lo cotidiano: un programa de educación parental” (Torío et al., 2013), dirigido a promover una paternidad compartida y, en este sentido, a facilitar y fomentar una distribución más igualitaria de las tareas domésticas entre los cónyuges y entre padres/madres e hijos/hijas con el objetivo de promover el bienestar de la familia y todos sus miembros así como el fomento de unas relaciones familiares serenas basadas en el respeto y la igualdad. Dicho programa está dirigido a familias con niños y niñas escolarizados en centros infantiles o centros educativos de las etapas de Educación Infantil y Primaria que necesiten fortalecer las dinámicas familiares.

La idea de comunidad corresponsable es un punto básico en  los programas de formación de padres y madres, profundizar en la dimensión de la “familia como comunidad”. La idea que se desprende es que, acomodándose a las condiciones y características de los diferentes miembros de la unidad familiar (edad, condiciones de salud, disponibilidad temporal o situación laboral, ...) todos y cada uno de ellos pueden realizar una contribución relevante al buen funcionamiento de la vida familiar.

Se trata de un programa experiencial, práctico, participativo y preventivo que utiliza una metodologia activa y que permite a los participantes expresarse, confrontarse y compartir. En los “modelos experienciales” en la formación de los padres y las madres no se ofrecen, simplemente, recetas y fórmula estandarizadas o contenido teóricos, ni se trata de impartir un entrenamiento de determinadas técnicas. Los padres y las madres están llamados a reflexionar y analizar sus prácticas educativas, sus creencias o ideas previas para construir y desarrollar mejores estrategias educativas. Se trata de posibilitar un espacio de encuentro e intercambio entre grupos ya que, entre todos, cuentan con un potencial de recursos y destrezas que resultan de gran utilidad (Martin Quintana et al., 2009; Rodrigo et al., 2010). Para conseguir este objetivo es necesario partir de las “concepciones implícitas que los padres y madres tienen acerca de la educación y socialización de sus hijos e hijas” (Torío, 2011, p. 388) y de las experiencias reales de los padres y madres participantes en el programa. Como señala Torío et al. (2010): “[Construir lo cotidiano] es un programa que combina información con el apoyo. […]. Parte del análisis de las prácticas cotidianas para hacer aflorar las concepciones subyacentes sobre qué educar y cómo educar. Proporciona información para de ese modo facilitar el cambio de actitudes y conductas” (p. 96). Se proporciona un espacio de reflexión compartida sobre la vivencia de ser padres y madres en situaciones de la vida cotidiana que conducen a repensar el modo de llevar a cabo esta tarea vital, en lugar de pretender que sigan un “modelo ideal”.

Esta es la razón por la que los grupos están constituidos por 10-12 personas como máximo, a fin de posibilitar el proceso de reflexión individual y colectiva a través del intercambio y la comparación con otros progenitores. Por parte del equipo de investigación se ha establecido un acompañamiento en pareja, es decir, acuden un educador responsable (encargado del programa en el centro) y otro educador acompañante (realiza tareas de observación, síntesis, reparto de materiales, control de tiempos, etc.).

Una condición indispensable para la participación en el programa es la asistencia y colaboración de ambos miembros de la pareja, salvo en el caso de hogares monoparentales. Problemas de tiempo, horarios y obligaciones laborales dificultan la posibilidad de conciliar la formación y la asistencia a los programas de formación. Ha sido ampliamente constatado la participación de las madres en los programas de educación parental (Martínez & Pérez, 2004), siendo menor la presencia de varones en los mismos. En este caso, teniendo en cuenta la temática que nos ocupa, la corresponsabilidad familiar, la implicación de ambos cónyuges es fundamental a fin de establecer compromisos de cambio. Para ello, se facilita la existencia de un servicio de guardería o ludoteca para los hijos o hijas de las familias participantes que lo soliciten.

En este sentido, los objetivos principales del programa (Torío et al., 2013) son:


  • mejorar el trabajo de padres y madres como agentes educativos en el medio familiar;
  • trabajar la corresponsabilidad familiar;
  • configurar las escuelas de padres como espacio privilegiado donde desarrollar el programa de corresponsabilidad familiar;
  • ofrecer un espacio para facilitar la expresión de sus preocupaciones y vivencias sobre la crianza y la educación de sus hijos e hijas.


El programa español incluye diez sesiones – además de unas sesiones complementarias – de frecuencia semanal y con una duración de entre dos a dos horas y cuarto. Las diez sesiones abordan diversos temas y contenidos sobre la importancia de la corresponsabilidad familiar para promover y conseguir un clima familiar mejor y relaciones más satisfactorias.

Se inicia con una sesión introductoria, Una mirada a nuestro quehacer educativo, que tiene como objetivo principal la presentación del programa y el conocimiento entre los participantes del mismo y el educador o educadora que lo implementa. Se trata, además, de una primera toma de conciencia sobre el modo de ser padres y madres – sentimientos, emociones, acciónes, normas, teorías implícitas, etc. – que los paticipantes sustentan acerca de la educación de sus hijos e hijas.

A continuación, los contenidos están divididos en dos grandes bloques: ¿Cómo educamos? y Para construir una relación familiar más satisfactoria. El primero bloque – ¿Cómo educamos? – incluye dos sesiones: Modos de educar en familia (segunda sesión) y Las normas son importantes en la vida familiar (tercera sesión). La primera de ellas va dirigida a poner en evidencia el estilo educativo o tendencia de comportamiento predominante (autoritario, permisivo, democrático) que cada padre y madre utiliza en sus prácticas educativas y de crianza, así como a “aprender a aplicar un método de disciplina democrático para fomentar la colaboración y la responsabilidad de los hijos e hijas.” (Torío et al., 2013, p. 39). La segunda sesión de este bloque, apunta a la toma de conciencia sobre la importancia de las normas para una convivencia pacífica y efectiva entre todos los miembros de la familia: “a través de esta sesión, se analiza la importancia de establecer normas y límites en familia y se describe el proceso a fin de optimizar nuestras actuaciones” (Torío et al., 2013, p. 38). Se aborda, en este módulo, una sesión con contenidos complementarios, Imágenes de maternidad y paternidad (ser madre y padre hoy), cuyo objetivo es reconocer y aceptar nuestra manera de vivir la maternidad y la paternidad, así como analizar el papel que ocupa en nuestro proyecto de vida.

El segundo bloque – Para construir una relación familiar más satisfactoria – se compone de seis sesiones organizadas en dos grandes dimensiones: ¿Cómo hacer que las cosas vayan mejor? (I): El reparto de responsabilidades (cuarta y quinta sesión) y ¿Cómo hacer que las cosas vayan mejor?(II): Heramientas para el cambios (sesión sexta a la novena).

La cuarta sesión Bucear en nuestra cotidianeidad: ¿cómo repartimos las tareas domésticas?, los padres y las madres junto con el educador o educadora trabajan sobre la necesidad de conseguir un reparto más igualitario del trabajo doméstico diario con la intención de desarrollar y adquirir algunas estrategias que permitan alcanzar un reparto más justo y equitativo así como facilitar el desarrollo de una educación no sexista y más igualitaria. Al hablar del trabajo doméstico se suele designar un tipo de tareas visible: limpiar la casa, cocinar, comprar, ocuparse de la ropa, etc., cuyas características pricipales son el esfuerzo físico y la monotonía de la repetición. Sin embargo, ésto es sólo una pequeña parte del trabajo reproductivo. Se trata de hacer visbile otras tareas vinculadas a la planificación y dirección doméstica, al cuidado de los menores y el trabajo emocional. Pese a los constatables logros en la igualdad de género, todavía existen, en nuestras sociedades, actividades (roles) generizadas en el ámbito doméstico (Fernández, Quiroga, Escorial & Privado, 2016).

La sesión complementaria, Usos del tiempo, estrechamente vinculada a la cuarta, nos invita a reflexionar sobre algunas cuestiones clave como, por ejemplo, la difícil tarea de organizar los tiempos familiares hoy en día. La mujer asume un mayor volumen de tareas del hogar, del cuidado de los hijos y, con bastante frecuencia, trabaja fuera del hogar; la llegada de los hijos e hijas y la revolución en los tiempos de la familia (frecuentemente se habla de carencia e inexistencia de tiempo de ocio para las mujeres); el sentimiento de culpa por “abandonar” a sus hijos e hijas (cuando se puede conseguir un pequeño espacio personal tiene la sensación de que está siendo egoísta por privar a sus hijos e hijas  de la compañía de su madre). La sesión tiene como objetivo comprender la importancia de un tiempo y de un espacio personal para todas las personas – independientemente de ser hombre o mujer, madre o padre – esencial para promover y fomentar relaciones serenas, más igualitarias y basadas en el respeto.

La quinta, La participación de hijos e hijas en las tareas familiares, pretende profundizar en la importancia y el valor que tiene, como recurso educativo, la incorporación de los hijos y las hijas en las tareas domésticas. En particular, se trata – citando a Torío et al. (2013, p. 38) – de: a) sensibilizar a los padres y madres de la importancia de concebir la familia como una comunidad solidaria; b) conocer el tipo de tareas que, con mayor frecuencia, realizan hijos e hijas; c) adquirir unas nociones básicas acerca de las ventajas que supone en el desarrollo individual y social de los menores su participación en las responsabilidades y tareas familiares; y, d) conocer algunas claves para conseguir una implicación y actitud positiva de los hijos e hijas en las tareas domésticas.

Las siguientes cuatro sesiones están destinadas a tratar los problemas de la comunicación y la resolución de los conflictos en el reparto del trabajo doméstico y son consideradas las herramientas básicas para dotar a los progenitores de habilidades y estrategias para afrontar con éxito el proceso de cambio en la dinámica familiar.

La sexta, Desencuentros, riñas y discusiones. El conflicto en la familia, examina las fuentes principales del conflicto sobre el reparto del trabajo domestico (diferencias entre hombre y mujer respecto al trabajo domestico, la escasa participación del hombre en las tareas domésticas, las dificultades de la mujer respecto a la posibilidad de “delegar” sobre todo respecto al cuidado infantil). Se trata de desarrollar actitudes y estrataegias para resolver este tipo de problemas y conseguir un buen clima familiar. Crucial para todo esto y para la resolución positiva del conflicto es la comunicación, objeto de la séptima sesión: Cuidar la comunicación: base de una buena relación familiar. La comunicación es la base de un buen clima familiar y, por lo tanto, es necesario aprender a comunicar a través de la adquisición de algunas habilidades necesarias “para hacer frente eficazmente a ciertas situaciones problemáticas que se plantean en la convivencia familiar, especialmente aquellas que derivan del reparto de responsabilidades domésticas” (Torío et al., 2013, p. 140). El objetivo es provocar un cambio en la forma de comunicar en la pareja y entre progenitores e hijos e hijas.

La comunicación es también el tema de la octava sesión titulada Cuidar la comunicación: saber escuchar y mostrar aceptación. La atención, en este caso, se mueve en la escucha activa y empática, elemento esencial para una comunicación “efectiva”. Los puntos fundamentales de la reunión son: a) la comunicación como base para la solución del conflicto en la familia (es importante saber comunicar adecuadamente lo que se piensa y se siente respecto a ciertos comportamientos que adoptan otros miembros de la familia); b) mensajes que favorecen la aceptación y contribuyen a la comunicación familiar (la aceptación es la clave de una buena comunicación); c)la interpretación adecuada de los mensajes de la pareja, los hijos o las hijas mediante la escucha activa (teniendo en cuenta el riesgo de la “distorsión” en el proceso de transmisión del mensaje, es recomendable poner en marcha varias estrategias para favorecer una interpretación adecuada del mensaje).

La novena sesión trata de La solución negociada de los conflictos: los casos del reparto de tareas domésticas. Los objetivos generales de esta sesión son dos: conocer y valorar los enfoques que existen para resolver los conflictos sobre el reparto del trabajo familiar; analizar y valorar la importancia de afrontar los conflictos sobre el reparto del trabajo familiar desde la negociación y la cooperación (Torío et al., 2013). En esta sesión se ofrecen, por tanto, de las sugerencias respecto a las estrategias para resolver los conflictos, de forma negociada, respecto a la división de las tareas domésticas y al trabajo familiar. La cooperación y negociación constituyen la forma ideal para resolver los problemas y los conflictos que surgen respecto al reparto de trabajo doméstico: “Hablar y negociar permite a las familias dialogar sobre los distintos caminos que existen para hacer las tareas cotidianas. Sin embargo, este camino no está exento de dificultades y exige de una metodología adecuada que permita afrontar el proceso con garantías de éxito” (Torío et al., 2013, p. 180). Por esta razón el programa ofrece una sesión complementaria en Técnicas para la resolución de conflictos sobre el reparto del trabajo doméstico, dirigida a dar conocer técnicas que permiten resolver de forma negociada los conflictos sobre el reparto de trabajo familiar. Algunas técnicas son: Ayuda/obstáculo, Role-playing, Inversión de roles, Técnica de last res “R” y Desde aquí hasta allí.

La última sesión, Fortalecer lazos, es la sesión de cierre en la que se aclaran y resolven cuestiones fundamentales, sobre todo aquellas más difíciles de poner en práctica, y– como dice el título de la misma – “fortalecer lazos” entre los miembros de la pareja, entre las distintas familias y con el centro educativo: “la despedida es tan importante como la presentación. El trabajo educativo implica siempre una continuidad de acciones. Después de esta intervención vendrán otras. Por ello, padres y madres deben percibir que ha merecido la pena acudir al curso, que la dirección del centro y el profesorado participan con ellos en un mismo proyecto, que los pequeños pasos son importantes y la labor de mejora se hace cada día” (Torío et al., 2013, p. 197).

A continuación, se presenta la estrutura y las distintas sesiones del programa (ver Fig.1).


Fig. 1. – Sesiones del programa “Construir lo cotidiano”


3. Resultados y conclusión


Suponiendo que la tarea de ser padres y madres se enmarca en el proceso de desarrollo adulto y que dicha tarea constituye uno de los pilares fundamentales de esta etapa de la vida (Máiquez, Rodrigo, Capote & Vermaes, 2000), es necesario invertir y dedicar tiempo a la formación de los padres y madres porque de este proceso dependerá la educación de los menores y el bienestar de todos sus miembros.

Los programas de educación parental tienen como característica fundamental la mejora de las prácticas educativas y las pautas de crianza y, por tanto, centran sus esfuerzos en el desarrollo de competencias y habilidades educativas de las personas. La experiencia de diseño, implementación y evaluación del programa “Construir lo cotidiano” ha sido, sin duda, exitosa. Ha tenido una buena acogida y aceptación por parte de las familias aportando aprendizajes útiles e iniciando un proceso de cambio en la dinámica familiar (ver resultados en Torío, Peña & Hernández, 2012; Torío, Peña & García, 2015; Torío, Fernández & Inda, 2016).

Como hemos comentado anteriormente, el programa que se plantea en estas páginas huye en todo momento de ser recetario alguno. Persigue, bien al contrario, fundamentarse en la investigación y en la reflexión para que, ofreciendo a los padres y madres una serie de ideas claras y relevantes, sean ellos mismos quienes, con su experiencia, puedan y sepan concretar y actuar en cada momento preciso y con las respuestas y conductas adecuadas; para que, en suma, puedan tomar decisiones con tranquilidad, sabiendo que educar es un proceso permanente y flexible, además de una experiencia que puede, asimismo, participarse mediante la reflexión compartida con otros adultos. En palabras de los padres y madres participantes podemos señalar: “Creo que es una oferta estupenda… lo recomiendo a todo el mundo.  No hace falta tener grandes problemas, siempre hay algo y siempre nos hace falta reforzarnos juntos con otras personas… creo que algo así debería ser obligatorio… creo que también es importante que sea obligatorio la asistencia de padre y madre (si los hay) para evitar que solo se encarguen las madres…” (mujer, 38 años, dos hijos); “No solo es exponer las cosas técnicas. Da participación a las parejas exponiendo sus casos” (varon, 42 años, una hija).

En general, los participantes, se sienten escuchados y comprendidos, crean lazos de amistad, y se disminuye el sentimiento de culpa que tienen muchos padres y madres al constatar que otros tienen las mismas inquietudes e, incluso, problemáticas (“ya no me siento un bicho raro. Tengo mi pequeña familia y no se diferencia tanto de las demás” -varón, 39 años, 2 hijas-; “me ha reforzado en mi mirada hacia la familia; me siento más segura y reconfortada por la experiencia similar de otros padres” –mujer, 32, 1 hija y 1 hijo-). Algunos rasgos de la personalidad de los padres y madres asociados a la buena parentalidad positiva (Loizaga Latorre, 2011), y reforzados en el programa, son los siguientes: flujo o sensación vital de fluidez, creatividad con dosis de incertidumbre, inteligencia emocional para poder entender a los otros y a uno mismo y la resiliencia o capacidad de sobreponerse a los acontecimientos adversos y traumáticos que seguro vamos a vivir.

Se trata de cambios profundos más allá de la adquisión de nuevos conocimientos sobre el desarrollo evolutivo de sus hijos e hijas; por ejemplo, modificar estartegias relativas a los modos de educar, el establecimiento de normas y límites, la incoporación de los menores a las tareas domésticas, el desarrollo de habilidades comunicativas o la negociación y la resolución de los conflictos, entre otros. Al preguntar sobre los cambios de más interés en la vida familiar a partir de la participación en las sesiones del programa, los padres y las madres constatan los siguientes aspectos: “la implicación del niño en las tareas y la negociación de las tareas familiares” (mujer, 29 años, 1 hijo); “los compromisos adoptados en la pareja” (mujer, 35 años, 1 hija y 1 hijo); “pensamos en cómo mejorar nuestars pautas comunicativas y establecer mejor las normas con más coherencia” (mujer, 26 años, 1 hija); “Estamos más dispuestos a comunicarnos tranquilamente; intentamos guardar más la calma” (varón, 48 años, 2 hijos); “soy más consciente de la necesidad de escuchar” (mujer, 33 años, 1 hijo); “Hemos aprendido a ser más sesibles con el trabajo y las tareas del otro” –varón, 40 años, 1 hija-; “hemos sido más conscientes de que hay que poner más tareas a los niños” –mujer, 36 años, 2 hijas).

En general, se contata una mejora importante en habilidades significativas como: a) habilidades emocionales, relacionadas con la identificación, expresión y manejo de emociones y el ajuste de expectativas; b) habilidades de desarrolllo familiar, en las que se incluyen habilidades dirigidas al desarrollo de la pareja, reflexiones relacionadas con el rol parental, aspectos relacionados con los estilos educativos, etc.; c) habilidades sociales tales como la regulación de conflictos, la comunicación y la utilización de las redes sociales de apoyo (sienten la necesidad de compartir tiempos como pareja sin hijos); y, d) habilidades organizativas, referidas a la gestión familiar. Todas ellas son constatadas, igualmente, en otros programas parentales (Pérez Boveda & Yániz Álvarez, 2015).

Hemos de decir que, en todo caso, los cambios son lentos, modestos y restringidos en comparación con programas para familias en situación de riesgo y multiproblemáticas pero no, por ello, son menos importantes. Son familias que atienden de forma adecuada a las necesidades de crianza de sus hijos en la que en mayor o menor medida ambos miembros de la pareja están implicados en ese proceso y comparten actitudes, valores e, incluso, normas. Sin embargo, perciben que hay un campo amplio de mejora que no solo va a favorecer los procesos de crianza sino la dinámica familiar cotidiana y la comunicación entre sus miembros, especialmente, en los aspectos educativos. En el caso de familias en situación de riesgo (Barth, 2009; Gómez, Cifuentes & Ortún, 2012), se destaca el incremento significativo de los resultados cuando se tratan de modelos mixtos centro/hogar (se incluye visita domiciliaria) y se ofrecen atenciones individuales y grupales combinadas y espacios para practicar “en vivo”, “in situ” nuevas habilidades con los hijos e hijas, focalizándose en la interacción padres/hijos, la respuesta parental y la comunicación emocional en la familia.

En síntesis, en estos procesos de cambio, se ofrecen a las familias oportunidades de aprendizaje que terminan posibilitando la reconstrucción/optimización del ejercicio de la parentalidad. De igual modo, el programa puede ser una fuente preventiva de conflictos y puede ayudar a cimentar las bases de una buena educación familiar.


Note


*Alessandra Altamura es doctoranda en el Departamento de Estudios Humanisticos de la Universidad de Foggia. En su proyecto de investigación está trabajando sobre la formación de los padres. Susana Torío López es Profesora Titular en el Departamento de Ciencias de la Educación (Área Teoría e Historia de la Educación) de la Universidad de Oviedo.

[1] Los miembros del grupo ASOCED – Grupo de Análisis Sociológico y Cultural de los Procesos Escolares y Educativos –, de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad de Oviedo, en la actualidad, son: José Vicente Peña Calvo, Susana Torío López, Carmen Rodríguez Menéndez, Carmen María Fernández García, Mercedes Inda Caro y Omar García Pérez. Para obtener más información, visite: http://asoced.grupos.uniovi.es/.


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